En la mitología griega clásica, el cazador Narciso era hijo del dios del río Cefiso y la ninfa Liriope. Era conocido por su excepcional belleza y físico. Un día, cuando Narciso caminaba por el bosque, la hermosa ninfa Eco lo vio y se enamoró de él. Sin embargo, rechazó sus afectos, dejándola desconsolada.
Como castigo, Némesis, la diosa de la venganza, lo atrajo a un charco de agua donde se encontró con su propio reflejo por primera vez. Narciso se enamoró de su reflejo y, finalmente, se dio cuenta de que su amor no podía ser correspondido, y suspiraba hasta su muerte.
El mito de Narciso nos advierte de los peligros del amor propio excesivo, el ensimismamiento y la falta de empatía por los demás. Ha tenido una profunda influencia en la cultura, el arte y la literatura occidentales.
El narcisismo también es un tema popular en psicología. El médico inglés Havelock Ellis identificó por primera vez el narcisismo como un trastorno mental a fines del siglo XIX. Sigmund Freud consideraba que el narcisismo era una parte normal del desarrollo de un niño, pero argumentó que podría convertirse en un trastorno si persistía después de la pubertad hasta la edad adulta.
En la psicología moderna, el narcisismo generalmente se conceptualiza como un rasgo de personalidad, que se encuentra en un espectro. Algunas personas son más narcisistas, otras menos. El narcisismo generalmente implica una visión exagerada de uno mismo, un sentido de superioridad y derecho y una falta de preocupación por los demás. El retrato de arriba de un narcisista es familiar. Pero no es el único.
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